No es casualidad que los niños tengan cierta afición por las actividades lúdicas; hoy existe cada vez más consciencia de la importancia del juego en la vida de los niños.

El juego es un medio de expresión y maduración en el plano físico, cognitivo, psicológico y social.

Las actividades lúdicas fortalecen dos áreas de la masa gris (parte del sistema nervioso central): el cerebelo, encargado de coordinar el sistema motriz; y el lóbulo frontal, asociado a la toma de decisiones y al control de los impulsos.

El juego cumple un papel importantísimo en el desarrollo del aprendizaje y en el cálculo de probabilidades mediante el ensayo -  error.

Asimismo, las actividades lúdicas desarrollan capacidades físicas, del desarrollo sensorial y mental, afectivas, de la creatividad e imaginación, e incluso buenos hábitos.

El juego ha estado presente desde siempre como la herramienta a través de la cual el ser humano se adapta a la sociedad y al mundo.

En el proceso de desarrollo infantil, la conquista de la autonomía se resume en una progresiva comprensión y adaptación al mundo, un proceso natural, complejo y paulatino de adquisición de habilidades.

Los juegos simbólicos, las imitaciones y hasta los disfracen ayudan a ponerse en el lugar de otro y a comprender su entorno, al tiempo que descubre sus posibilidades e interactúa con la sociedad al jugar en grupo, creando una especie de puente entre su mundo interior y la cultura.


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